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Asia Oriental

La literatura contemporánea china, en el torbellino de la modernización

Mo Yan, traducido al castellano, y Yan Lianke siguen siendo los autores más potentes en una literatura cuyo dinamismo es más cuantitativo que cualitativo  |  La literatura china moderna llegó con la revolución, pero al mismo tiempo murió con ella  |  La explosión literaria se produce en los ochenta, años de gran creatividad y con una censura débil.

RAFAEL POCH | Frankfurt. Corresponsal  LA VANGUARDIA del 15/10/2009 |  Cultura

Censura, dinamismo, mercado, la literatura contemporánea china está en medio del torbellino de la gran transformación que conoce el país. Su vigor es más cuantitativo que cualitativo, pero la situación sugiere que tiene una perspectiva muy amplia y abierta por delante. La “literatura china” es más que la literatura de la República Popular China. Está Taiwán, Macao, hay 35 millones de chinos dispersos por el mundo, escritores chinos en Europa o América que escriben en inglés. Con muchos agujeros y omisiones el panorama que se presenta a continuación, se refiere a lo que ha sonado en los últimos años en la República Popular China.

La literatura china es el joven producto de una nación anciana. Lo que había a finales de la China imperial, hasta los años veinte del siglo pasado, no era propiamente literatura, sino algo de otro género: poesía escrita en una lengua clásica que no entendía -y aun menos leía- casi nadie; estéril y estancada en formas y estilos fosilizados. La Revolución China partió de la base de que la nación estaba no sólo dominada por el colonialismo sino también enferma de su propia cultura, por eso su impulso esencial fue la ruptura con la tradición.

La literatura china moderna (Lu Xun, Guo Moruo, Mao Dun, Lao She, Ba Jin, Shen Congen, Ya Dafu y otros) llegó con la revolución, pero al mismo tiempo murió con ella. Era una literatura en la estela de la tradición rusa, humanista, social y política, que tuvo gran fuerza pero que resultó pronto asfixiada por la modernización autoritaria maoísta. Eso explica el vacío registrado entre 1942 y el fin de la Revolución Cultural (1976). Solo después del maoísmo aparece una literatura, que sigue siendo muy social y está enfocada a la narración de los sufrimientos de la época maoísta, la llamada “literatura de las cicatrices”, representada por Yang Jian, Yu Luojin y otros.

La verdadera explosión literaria china se produce en los años ochenta, una primavera de gran creatividad, con una censura débil que va por detrás de los acontecimientos, en la que surgen tres generaciones de escritores con estilos y temas muy variados. Los críticos chinos suelen considerar esa etapa como la más fecunda. Lo de ahora es muy vigoroso y dinámico pero es más cuantitativo que cualitativo, y está muy mediatizado por el “mercado”. En gran parte la gran literatura actual aun vive de las rentas de aquel periodo.

Hasta mediados de los noventa, en China, como en la URSS de la década anterior, se podía vivir siendo un escritor o poeta “profesional”. Había toda una organización gremial, y una servidumbre al Estado, que lo permitían, con revistas literarias de calidad subvencionadas que tenían un seguimiento notable. A partir de ese momento, las exigencias del “mercado” se hicieron determinantes. La nueva servidumbre de mercado abrió posibilidades a la creación, pero también impuso el escribir para ganar dinero, para gustar al mercado global (occidental), o pensando en guiones del entretenimiento de masas para la televisión. Libertad y poca calidad vinieron de la mano. Aparecieron autores, nacidos entre los sesenta y los ochenta, hijos de nuevos ricos muy occidentalizados, tentados por lo marginal, con nostalgia hacia un mundo con ideales y mayor libertad, que enfatizan “el lado negro” de la vida; Dai Lai, Guo Xiaolu (“La ciudad de piedra“), Han Han, Tian Yuan, Hu Fang… Al mismo tiempo otros autores continuaron en la tradición social que se encontraba, tanto en la época anterior como inmediatamente posterior al maoísmo, peleando con el “establishment” por el derecho a describir los problemas e injusticias de la nueva sociedad.

Un ejemplo de esta tendencia fue el “Informe sobre los campesinos chinos”, de Chen Guidi y Chun Tao, un matrimonio de la provincia de Anhui que tiene un retrato de Mao presidiendo la sala de estar de su casa. Su obra denuncia las miserias y abusos del campesinado de su provincia. El libro apareció en 2004, tras un corto periodo fue discretamente prohibido, lo que provocó una explosión de ediciones pirata con millones de ejemplares vendidos, lo que retrata muy bien un aspecto esencial de la censura, a veces completamente inútil. El libro de Chen y Chun acaba de ser traducido al alemán y se presenta en esta feria.

Otro obra de este género es la “novela ecológica” “Totem Lobo” de Jiang Rong, traducida al español y que presenta una crítica demoledora de la destrucción china de una cultura de su periferia, la de los nómadas de la estepa mongola. Jiang Rong es culturalmente un disidente –estuvo una temporada en prisión tras el movimiento de 1989 del que se declara orgulloso y todavía no se le permite viajar al extranjero- pero que vive y escribe, y obtiene un gran éxito, dentro del sistema, algo sorprendente para el observador occidental poco informado, pero muy común en China, donde la inmensa mayoría de los disconformes encuentran el suficiente oxígeno como para respirar si actúan con tiento.

La literatura contemporánea china ha vuelto a mirar a aquella cultura tradicional que la revolución denostó. Dos grandes novelas expresan esa nueva mirada. Una es “Vida y muerte cansadas” (“Sheng Sipi Lao“) de Mo Yan, un sólido y consagrado escritor, que describe las seis reencarnaciones budistas de un latifundista fusilado por los comunistas en 1949, que luego es caballo, vaca, burro y mono, antes de volver a ser persona en la China de la apertura, cuando su sexta reencarnación vuelve a acaparar tierra, una especie de regreso al origen en una situación completamente diferente. De Mo Yan, un hombre sencillo que es la estrella china de esta feria de Frankfurt, se han traducido varias novelas al castellano, entre ellas “Sorgo Rojo“, popularizada por una de las mejores películas de Zhang Yimou y la “Revuelta del ajo“.

Otra gran novela es “Vida agitada” (“Shouhuo“), de Yan Lianke (1958), un escritor de la provincia de Henan. La novela describe la comunidad de un pueblo, compuesta por niños, ancianos e inválidos -porque los jóvenes y capaces se han ido a trabajar a la ciudad- que, ante las noticias de que en Rusia se disponen a echar a Lenin del mausoleo de la Plaza Roja, deciden comprar el cadáver y construir un mausoleo en una montaña de su distrito para atraer turistas…

Yan Lianke es conocido en Occidente como el autor de, “El sueño de la aldea Ding“, traducida al alemán como “El sueño de mi abuelo“, que trata el tema de la gran y deficiente campaña de donación de sangre que extendió el Sida en Henan matando a decenas de miles de campesinos. Esa novela fue medio prohibida en China, pese a que Yan confiesa que practicó la autocensura previamente, lo que hizo doblemente amarga la prohibición. Su situación define muy bien la esquizofrenia de la censura: cuatro obras de Yan han sido prohibidas, otras dos recibieron los mayores premios literarios del país.

“Los intelectuales chinos tienen miedo de su influencia. Es sintomático que con un sistema parecido al de la URSS, no hayamos tenido ninguna obra literaria que pueda compararse con el Archipiélago Gulag”, dice Yan. “No es ninguna casualidad, porque no tenemos ninguna tradición de literatura de enfrentamiento al poder dominante, mas bien servimos a ese poder”, afirma.

En el género policíaco, un género con pocos años de existencia en China, destaca la obra de Qiu Xialong, residente en Estados Unidos y que últimamente escribe en inglés. Ha sido traducido a 21 lenguas y ha vendido más de un millón de ejemplares, con su personaje, el inspector Chen Cao, que se mueve en el Shanghai de hoy. El Inspector es un tipo escéptico hacia la realidad que le rodea con tres de sus historias publicadas en China, alguna de ellas con recortes.

“La época de las reformas nos ha convertido en un pueblo sin valores comunes”, explica Qiu. “Antes teníamos el confucionismo, luego el corsé ideológico del socialismo, pero ahora vivimos en una especia de anarquía ética”, dice.

http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20091015/53804043691/la-literatura-contemporanea-china-en-el-torbellino-de-la-modernizacion-republica-popular-china-urss-.html
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