Vivir el Zen
(Trabajo de investigación que realicé en 2007 para la materia “Pensamineto y religión en Asia oriental” del Master Estudios del Asia Oriental en la Universidad Oberta de Catalunya)

Introducción

De la novela “Rayuela” de Julio Cortazar, en el capitulo 95 el autor hace referencia de D. T. Suzuki a través de uno de sus personajes llamado Morelli. No me extenderé en la trascripción de la novela del autor argentino, pero me servirá como referencia para hacer un análisis y una crítica del libro “Vivir el Zen”, séptima obra de  D.T. Suzuki y que publicó Rider & Coen Londres, cuya primera edición vio la luz en 1950.

Sobre el autor Daisetz Teitaro Suzuki

Teitaro Suzuki, 鈴木大拙, nació en Honda-machi, Kanazawa,  el 18 de octubre de 1870, y estuvo trabajando en la difusión del zen en Occidente hasta su muerte, acaecida el 22 de julio de 1966. Ha sido uno de los pilares que prepararon el terreno para que otros maestros del zen pudieran darse a conocer posteriormente. Con sus numerosos libros y ensayos sobre el buddhismo, fomentó el interés de Occidente por la espiritualidad zen y shin. Fue además un gran traductor de literatura china, japonesa y sánscrita. Ref 1: De Wikipedia, la enciclopedia libre.

Capítulo 95 de “Rayuela”

“En una que otra nota, Morelli se había mostrado curiosamente explícito acerca de sus intenciones. Dando muestra de un extraño anacronismo, se interesaba por estudios o desestudios tales como el budismo Zen, que en esos años era la urticaria de la beat generation (….).

Podemos pensar en las afinidades de Cortazar con el zen en el desarrollo de este capítulo. Aquí comenta la “ambigüedad” del zen desde un punto de vista  de aparente crítica.

D.T. Suzuki define el koan en su libro “Introducción al Buddismo Zen” y lo hace de varias maneras. Una de ellas como “una muralla de hierro que nos obstruye el paso y que amenaza derrotar todo esfuerzo intelectual dirigido a cruzarla, pero una vez transpuesta el koan deviene un puente para salir de la sensatez, para despojarse de esos grillos y entrar en un territorio desconocido, suerte de reverso de la realidad. Ref 1.

Tal vez Cortazar en este capítulo, bebiendo de esta fuente, se encontraba inmerso en esta búsqueda o entendimiento del koan.

Definiciones del koan

Según los apuntes de la UOC “Pensament I religió a l’Asia oriental. El Buddhisme” de Ramon de N. Prats, el koan es uno de los puntos más singulares del buddhismo zen. Se trata de enunciados breves, extraídos de un sutra o ideados por un maestro, que proponen una pregunta paradójica, estructurada en torno a una palabra clave. Su resolución requiere la superación del razonamiento lógico y discursivo habitual; de esta manera, conlleva a la transformación de la conciencia del practicante, transformación que se considera necesaria para acceder a la comprensión última de la realidad espiritual.

En el libro en análisis  “Vivir el Zen”, el autor dedica un capítulo a la explicación del koan. Debido a lo limitado de este texto que estamos desarrollando, no nos adentraremos en todas las definiciones de koan que este autor realiza allí, pero si haremos una referencia particular a algunos contrasentidos que pudieran existir en referencia al “antropocentrismo” del buddhismo.

Para ello volvemos a los apuntes de la UOC de Ramon de N. Prats. Allí encontramos que la idea de un ser sobrenatural, creador del universo y con poder absoluto sobre esto y sobre todos los otros seres está muy lejos del buddhismo.

Sin embargo, y contradiciendo lo anterior, Suzuki hace repetidas referencias a Dios en varias partes de su libro. Desde la primera página que afirma: “la estupidez es otro término para referirnos a la curiosidad, y la curiosidad es una gracias que Dios ha implantado en el espíritu humano”. Aunque algo más coherente con la postura antropocéntrica en varios párrafos posteriores trata de referirse a Dios y a otras religiones solo para realizar comparaciones con el Zen.

En el caso particular del una explicación que realiza del koan, en la página 156 de dicho libro, hablando sobre el problema del nacimiento y de la muerte, que es la tercera puerta del entrada al zen, dice: “La naturaleza del Buda y el mundo del nacimiento y de la muerte constituiría una dualidad, con lo cual el problema de la maldad sería insoluble a menos que se dejara de lado, como ocurre en la teología cristiana, como algo que se halla fuera del alcance de la compresión humana y que solo concierne a la voluntad de Dios”  Pero volvemos a la “irracionalidad” (tal vez la que intentaba llevar Morelli) en la página 28: “Podríamos decir que la irracionalidad del zen es distinta a la del cristianismo pero, en cualquier caso, ambos son igualmente irracionales en el sentido que carece de lógica. El zen afirma: “Sostengo, entre mis manos vacías, una espada. Cabalgo un buey y voy a pie”. ¿No resulta esto tan ilógico y contrario a al experiencia humana como la afirmación de que Cristo resucitó tres días después de su crucifixión?” (…)

Entonces, las otras religiones intentan demostrar la verdad de sus irracionalidades mediante la inducción, la deducción, la abstracción, la racionalización y la formulación de postulados. Los maestros Zen rehúsan usar estos métodos, se ocupan de la “acción directa” y dan sus lecciones personales de la forma más eficaz posible.

Crítica a Occidente

Volviendo al texto de Cortazar,  también notamos allí una crítica a como Occidente estaba llevando adelante este acercamiento al Zen propuesto por Suzuki, hablando y planteando anacronismos derivados de la falta de comprensión de sus ambigüedades:

“El anacronismo no estaba en eso sino en que Morelli parecía mucho más radical y más joven en sus exigencias espirituales que los jóvenes californianos borrachos de palabras sánscritas y cerveza en lata. Una de las notas aludía suzukianamente al lenguaje como una especie de exclamación o grito surgido directamente de la experiencia interior.

Seguían varios ejemplos de diálogos entre maestros y discípulos, por completo ininteligibles para el oído racional y para toda lógica dualista y binaria, así como de respuestas de los maestros a las preguntas de sus discípulos, consistentes por lo común en descargarles un bastón en la cabeza, echarles un jarro de agua, expulsarlos a empellones de la casa o, en el mejor de los casos repetirles la pregunta en la cara” (….).  

En varios párrafos del libro “Vivir el Zen”, Suzuki explica con ejemplos esta metodología de aprendizaje del zen. Pero lo más curioso es una afirmación del autor en la página 29: “En el zen hay una gran abundancia de empujones, bofetadas y golpes de bastón. Cuando a un monje se le trata de una forma tan poca ceremoniosa (sic), a menudo despierta a la verdad del zen, pero huelga decir que este trato no siempre surte efecto y deja al interlocutor con su dilema” (…). Y continúa así dando más ejemplos de malos tratos, y según lo reconoce allí el autor, muchas veces innecesarios. Aquí entendemos y compartimos el contenido del anterior párrafo de la novela de Cortazar.

Satori

En “Vivir el Zen”, Suzuki se explaya en un capitulo sobre la explicación del satori. Da como ejemplo la historia de Ryutan, que vivó con Tenn (748 – 807) durante tres años pero, al no recibir la instrucción que esperaba de su maestro, le reclamó. Este le contestó que desde que había llegado no había dejado de adiestrarle en materia de iluminación espiritual. Lógicamente, Ryutan no entendió. El maestro prosiguió: “¿acaso no me bebo el té cuando me lo traes? ¿Y no como la comida que me proporcionas?  (…) ¿En que momento me he equivocado al impartirte enseñanzas espirituales?”

Está claro que para el pensamiento lógico de cualquier persona desprevenida que lee esto, entendería que el maestro solo necesitaba un criado y en estas circunstancias le sería además gratuito. Pero veamos como sigue el texto de Cortazar y como se refleja lo anterior en el pensamiento lógico de su relato, aunque allí el autor no estaba desprevenido:

“Morelli parecía moverse a gusto en ese universo aparentemente demencial, y dar por supuesto que esas conductas magistrales constituían la verdadera lección, el único modo de abrir el ojo espiritual del discípulo y revelarle la verdad. Esa violenta irracionalidad le parecía natural, en el sentido de que abolía las estructuras que constituyen la especialidad del Occidente, los ejes donde pivota el entendimiento histórico del hombre y que tienen en el pensamiento discursivo (e incluso en el sentimiento estético y hasta poético) su instrumento de elección”. (……..)

Finalmente, y como nudo argumental del capítulo 95 de Rayuela, Morelli intenta escribir una novela prescindiendo de la lógica, algo muy difícil de realizar y que llevaría a un absurdo, aunque con ello cumpliría estrictamente con el pensamiento de Suzuki:

“El tono de las notas (apuntes con vistas a una mnemotecnia o aun fin no bien explicado) parecía indicar que Morelli estaba lanzado a una aventura análoga en la obra que penosamente había venido escribiendo y publicando en esos años. Para algunos de sus lectores (y para él mismo) resultaba irrisoria la intención de escribir una especie de novela prescindiendo de las articulaciones lógicas del discurso”.(….)  

Conclusiones.

En esta novela típicamente cortaziana, en donde el autor invita a leerla obviando capítulos e induciendo, fuera de toda lógica a que el lector arme el orden de su propia lectura, nos devela la simpatía de Morelli-Cortazar hacia el mundo Zen, ya que la novela busca el reverso de la realidad que están viviendo enmascarada por el propio pensamiento lógico. Suzuki nos ha introducido que “si el Zen es algo, es la antípoda de la lógica, es decir del modo dualístico de razonar. No tiene nada que enseñarnos como método de análisis intelectual: tampoco posee un cuerpo de doctrinas que sus adeptos deben aceptar. Puede parecer caótico y en cierto sentido lo es puesto que carece de libros sagrados o principios dogmáticos o fórmulas simbólicas a través de las cuales puede ganarse algún acceso a su significación. Si me preguntara, entonces, lo que el zen enseña, contestaría que el zen no enseña nada. Las enseñanzas que puede impartir resultan de nuestro propio entendimiento. Es una forma de auto-enseñanza y el zen está allí solamente para guiarnos a encontrar nuestro propio camino. El zen evita el camino lógico”. (…)

Frente a este tipo de situaciones el buddhismo zen parte del supuesto que la realidad rebasa nuestros esquemas y por eso los koans, con sus absurdos y sinsentidos, no son sino transgresiones a nuestros esquemas racionales.

Suzuki es tan vehemente en su ataque a la lógica porque según el autor la lógica a penetrado tan a fondo en la vida  hasta obligarnos a pensar que la vida “es” lógica y sin ella la vida no tienen sentido. El zen ayuda a sobrellevar esta confusión y demostrar que vivimos psicológicamente y biológicamente, y no lógicamente.

REFERENCIAS
  1. http://es.wikipedia.org/wiki/Daisetz_Teitaro_Suzuki
  2. D.T. Suzuki: “An Introduction to Zen Buddhism”, New Cork, Grove, 1977 Pag 109
  3. Pensament i religió a l’Âsia oriental. El Buddhisme Ramon N. Prats Apuntes de la UOC
  4. Julio Cortazar: “Rayuela”.
  5. D.T. Suzuki, “Vivir el Zen”
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